Hace unos años leí un artículo de Risto Mejide que me encantó, en realidad todos sus artículos eran muy buenos, tanto era así que tengo varios de sus libros en mi biblioteca. Sus relatos, artículos, historias o como quieran llamarlo hacían pensar a la vez que estaban bien escritos… a lo que voy.
Hoy quiero compartir un fragmento de uno de ellos porque con el tiempo estudiando gestión mental y psicología social entendí un poco mejor porque se producía eso que Risto se preguntaba en dicho artículo y que yo mismo y tu nos hemos preguntado muchas veces. Os dejaré enlace para que podáis leerlo al completo, era 2014 por entonces.
“Lo que faltaba. Siempre lo que faltaba. Sólo y únicamente lo que faltaba. No sé qué tiene lo que faltaba, que jamás puede llegar a ser compensado por lo que sí estuvo, por todo lo que sí se dio. Es así de jodido. Así de inexorable. Así de mal. Te guste o no. Y es que por muy completa que fuese tu relación, por mucho que se exprimiese el amor, siempre habrá más cosas que se quedaron fuera. Porque todo fuera será siempre más grande que cualquier dentro. Por definición. Por eso el dentro es más precioso. Por eso hubo que protegerlo lo mejor que supimos. Por eso al cabo del tiempo se nos escapó. Por eso se nos escurrió entre los dedos. Porque se diluyó lo que sí teníamos entre todo lo que faltaba y todo lo que al final nos faltó.” RISTO MEJIDE.
El texto gira alrededor de la falta como fuerza devastadora en las relaciones humanas y mas concretamente en las de pareja. No la traición, no el odio, no el desamor explícito, sino algo mucho más sutil y cruel, lo que no fue. Lo que no se dijo, lo que no se dio, lo que no alcanzó a existir. Es decir, lo que no se dio pesa mas que lo que si se dio. Y eso es profundamente humano… y profundamente injusto a la vez.
Durante mucho tiempo he recordado el texto y me seguía preguntando… ¿Por qué lo que no damos es mas importante que lo que se dio? Nos acordamos de lo que falta o faltó, no de lo que tenemos o tuvimos y así seguidamente y así muchas relaciones, unas terminan, otras siguen, pero siempre lo que no se dio pesa mas que lo que si se dio.
Encontré la explicación en el efecto que estudió Bliuma Zeigárnik Psicóloga y Psiquiatra Rusa.
El efecto Zeigárnik describe la tendencia de nuestra mente a recordar y dar más peso a las tareas, situaciones o experiencias que quedaron incompletas que a aquellas que se cerraron, porque lo no resuelto mantiene una tensión psicológica activa que busca cierre, por eso, en una relación de pareja, no suelen doler tanto los momentos vividos como las conversaciones que no se tuvieron, los gestos que no llegaron o las historias que quedaron a medias, ya que lo inconcluso sigue ocupando espacio emocional incluso cuando la relación ya terminó.
Insistir en el reproche no cierra la herida, sino que la mantiene abierta, porque al repetirlo se reactiva lo que quedó sin resolver, así, en relación con el efecto Zeigárnik, el conflicto permanece vivo precisamente por no encontrar un cierre real, alimentando la sensación de incompleto dentro de la pareja… - ¡Te fijas en lo que no hice ¿ lo que hice no importa no?¡ - ¿te suena?.
Lo que no se dio, que tendrá lo que no se dio… pues esa es la respuesta que encontré. Nuestro sistema psicológico y biológico está orientado a detectar lo que falta porque, desde un punto de vista evolutivo, la carencia implica riesgo, lo que estuvo se archiva como seguro y cerrado, mientras que lo que faltó queda activo como asunto pendiente, por eso la ausencia pesa más que la presencia, ya que las experiencias completas descansan y las incompletas se repiten mentalmente - no porque sean más importantes, sino porque no terminaron -, y además lo vivido pertenece al pasado mientras que lo que faltó sigue proyectándose hacia un futuro imaginado, manteniendo viva la historia a través de ese “si hubiera pasado” o “si hubiéramos llegado”, que engancha más a la posibilidad que a la realidad, por lo tanto se trata de una disposición psicológica que como suelo decir traemos de serie, no es que no sepan valorarnos.
Quizá el aprendizaje no sea luchar contra lo que faltó, sino aceptar que nuestra mente funciona así, que se engancha a lo incompleto no porque fuera mejor, sino porque quedó abierto. Entender esto no borra el dolor, pero lo ordena y cuando el dolor se ordena, tomamos conciencia y deja de gobernarnos.
El cierre no está en exigir lo que no fue, sino en agradecer lo que sí ocurrió y decidir, conscientemente, no vivir atrapados en futuros imaginados que nunca llegaron. Porque lo que se dio fue real, fue vivido y fue suficiente en ese momento.
A veces, madurar emocionalmente consiste justo en eso, en aprender a cerrar puertas sin necesidad de volver a entrar para comprobar qué habría pasado si…
Otro día hablaremos de como cerrar esos capítulos incompletos... Lo que no se dio, siempre me recuerdas lo que no se dio.
Añadir comentario
Comentarios