Hoy hay urnas,
pero las importantes no están en los colegios electorales.
Están dentro de cada uno.
Porque puedes cambiar de partido…
y seguir gobernado por el miedo.
Puedes gritar libertad…
y vivir preso en una cárcel sin rejas.
La democracia más difícil
no es la de un país ni una autonomía.
Es la de la cabeza y ahí no hay bandera.
Ahí no votan millones.
Ahí votas solo tú.
Cada mañana.
Cada vez que eliges excusas o responsabilidad.
Cada vez que decides no hacer nada.
Cada vez que elijes entrenar solo tu cuerpo.
Cada vez que ni eso siquiera.
Cada vez que no agradeces cada segundo de vida.
República independiente de las excusas.
Autonomía de la censura emocional.
Mayoría absoluta del miedo.
Burocracia emocional que retrasan decisiones.
Pleno de auto sabotaje.
Oligarquía de pensamientos negativos.
Parlamentario de excusas.
Polarización mental.
Abstención emocional,
como si emocionarse fuera malo.
Sistema corrupto de pensamientos repetidos.
Pactos con la procrastinación.
Voto en blanco a tus capacidades,
y en contra para tus sueños.
Hay quienes se la pasan hablando de política
y no ven su desgobierno y censura.
Hay gente que pide un cambio de gobierno
mientras mantiene una dictadura interior impecable.
Hay quienes tienen prohibido fallar.
Hay quienes tienen prohibido parar.
Hay quienes tienen prohibido sentirse mal.
No entregues tu paz
al resultado de fuera.
Porque quien necesita que todo afuera salga bien
ya perdió las elecciones de dentro.
El autogobierno empieza cuando entiendes
que nadie vendrá a rescatarte de ti mismo.
Ni un líder.
Ni una sigla.
Ni una promesa envuelta en mítines y sonrisas de catálogo.
La revolución silenciosa empieza en ti.
En corregirte sin destruirte.
En avanzar sin pedirte permiso.
Eso sí lo cambia todo.
Hay personas con himnos en la boca
y fronteras en la mente, con “no puedo” pintados en su fachada.
Pero hay otras que, sin hacer ruido,
han conquistado el único territorio que importa,
su forma de pensar.
Hoy muchos contarán votos.
Pero ojalá tú cuentes algo más valioso.
Cuántas veces te traicionas.
Cuántas veces te callas.
Cuántas veces aplazas la vida.
Cuántas veces “ya lo haré”.
Cuántas veces “no” por miedo,
esperando un resultado externo para empezar a vivir.
El autogobierno personal no se celebra cada cuatro años.
Se ejerce cada día.
Y ese, no lo dudes, es la elección más importante de tu vida.
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