UNA MUJER BUENA

Publicado el 8 de marzo de 2026, 15:55

En clara alusión al libro, por cierto recomendable, de C “Un hombre bueno”, hoy doy título a esta reflexión: “Una mujer buena”.


Resultado de meter en la coctelera de mi mente una reflexión sobre la importancia de rodearnos de personas que se dan a los demás, personas que son inspiradoras, resultado también de meter en esa coctelera el día de hoy, Día de la Mujer, y de añadir el recuerdo imborrable de una mujer buena.

Saberse rodear es importante, constructivo y nos ayuda a ser mejores personas, que es de lo que se trata. Todo lo contrario ocurre cuando te rodeas de personas que no aportan nada, personas que están todo el día criticando, que solo piensan en ellos y que no dejan de quejarse. Eso es tóxico e improductivo; bueno, sí produce… pero solo cosas grises y oscuras.

Estamos en la obligación moral de ayudar a los demás, de darnos. Aquel que tenga la posibilidad de ayudar debe hacerlo. Estas personas son la gran esperanza de esta humanidad. Yo creo en ellos, en quienes no anteponen lo propio, en quienes dan su tiempo para que los demás prosperen. Creo en quienes dan lo que tienen, en quienes lo hacen sin preguntar. Creo que una persona realizada en esta vida nunca lo estará realmente si no ayuda a los demás. Aunque haya llegado a lo más alto de sus pretensiones personales o profesionales, si no ayudas, no vales tanto.

Por eso admiro a quienes lo hacen, a quienes dejan una estela de bondad que seguir, a quienes con su ejemplo van sembrando esperanza y valores, como hizo esta mujer que hoy nombro.

Por entonces yo apenas era un chinorri que rondaba la década de vida, adentrándome en la adolescencia. Tengo el recuerdo imborrable de aquellos años, de verla venir desde la estación de autobuses Comes con su lento y a veces torpe caminar hasta la barriada de La Paz, cargada de bolsas llenas de ropa que recolectaba en El Puerto de Santa María, donde pasaba temporadas con su hija.

Aquella ropa que los vecinos más prósperos de allí ya no utilizaban y que daban o donaban para que pudieran tener una nueva vida. Eran otros tiempos y ese gesto era más frecuente y necesario que hoy en día, hoy que parece que todo nos sobra… hasta la dignidad a veces.

Pero ahí estaba ella, mi abuela Dolores, siempre pensando en los demás.

Antes de los 90 no había Facebook, Instagram ni redes sociales que te dieran like. Bastaba con el agradecimiento sincero, el gesto emocionado, el abrazo o el apretón de manos de quien recibía aquella ayuda. De gente humilde y necesitada, muchas veces de allí mismo, de aquella barriada de La Paz o, por qué no, de su propia familia. La ayuda era para todos y todas sin distinción.

Hoy, sin embargo, muchas veces prevalece la exposición,  que te vean ayudar, la foto, el halago… antes que la intención verdadera de ayudar, como aquella que yo viví en los andares de mi abuela.

No solo traía ropa. Con las pocas pesetas que manejaba la vi también ayudar. Se despreocupaba de ella misma, se quedaba con lo justo en un monedero o atado en un pañuelo. No necesitaba más, o quizás sí, pero no importaba, se lo daba a los demás.

Nunca vi un gesto de egoísmo en ella.
Ella era bondad. Ayudaba todo lo que podía y más. Ella era la bondad.

No necesitó grandes pertenencias. Las pocas que tuvo las dio. Nunca tuvo una mansión ni siquiera tierras, pero sin embargo sembró valores.

Yo, un chinorri por entonces con toda la vida por delante, la recuerdo así. Era noble, no hablaba mal de nadie. Recuerdo que no le gustaban las películas bélicas o aquellas que enseñaran maldad. De forma educada y paciente pedía que pusiera otra cosa en la tele, que eso no era bueno.

Con el tiempo supe que aquel vaso de agua que guardaba en la nevera cuando estaba en casa no aparecía allí por arte de magia, sino que ella lo ponía para beber su agua fresca. Pero yo lo veía y falto de conocimiento se lo birlaba… y nunca la vi quejarse.

Y esa fue precisamente la herencia que me dejó la de los Valores.

No sé si ella se fue pronto o yo llegué tarde, pero doy gracias porque tuve la suerte de conocerla y así mantener vivo el recuerdo de una mujer buena.

Las mujeres que he conocido en mi vida son buenas y a todas las felicito en en este día. Pero hoy quiero recordar especialmente a las que se fueron, a las que ya no están entre nosotros… porque hoy también es su día.

Felicidades.

 

 

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