LA NO RESPUESTA TAMBIÉN RESPONDE

Publicado el 12 de julio de 2026, 14:03

Seguramente os ha pasado alguna vez. Estoy completamente seguro.

Y como dice Morera, “No me enfado, pero me da coraje”.

Aunque, siendo sinceros, a veces no es solo coraje.

A veces aparece una sensación de injusticia, de desconcierto, incluso de rechazo, como si el silencio del otro te dejara en un lugar raro, incómodo, difícil de explicar.

Me refiero a esas personas —y alguna vez nosotros mismos también habremos sido una de ellas, todo sea dicho— que reciben una comunicación nuestra, ya sea un WhatsApp, una llamada, una pregunta en persona, una consulta o un simple comentario, y no dan respuesta. Vamos, que no responden. Que no contestan.

Es verdad que a veces el mensaje no termina con un signo de interrogación y uno puede interpretar que no hay una pregunta clara que responder. Confieso que a mí también me ha pasado. Pero otras veces es demasiado evidente que, aunque no haya una interrogación al final, la otra persona está preguntando algo y aunque no lo pregunte de forma directa, está esperando una respuesta.

En psicología social existe una norma no escrita que sostiene buena parte de nuestras relaciones, la reciprocidad.

El sociólogo Alvin W. Gouldner habló de la “norma de reciprocidad”, esa regla básica por la que, cuando alguien nos ofrece atención, tiempo, ayuda o interés, se espera que devolvamos alguna forma de respuesta.

No se trata de contestar al segundo ni de estar disponible siempre, lo hablo a menudo con A.D. . Eso sería absurdo. Nadie tiene que vivir pegado al móvil ni responder como si le fuera la vida en ello, gesto generador de grandes ansiedades.

Se trata de algo más sencillo, de reconocer al otro.

Porque cuando alguien se comunica contigo y tú no respondes nunca, no solo estás dejando un mensaje sin contestar, estás rompiendo un pequeño equilibrio humano.

¿Y cuál sería la respuesta adecuada ante alguien que no responde?

Creo que lo primero es no confundir dignidad con orgullo. No se trata de castigar al otro ni de responder con la misma moneda, como si esto fuera un campeonato de silencios. Lo importante es observar.

Si una persona no responde una vez, puede estar ocupada o puede ser despiste. Si no responde dos veces, puede estar pasando una mala semana. Pero si no responde casi nunca y luego aparece esperando que tú sí estés disponible, entonces ya no estamos ante un despiste. Estamos ante un patrón.

Y cuando algo se convierte en patrón, conviene tomar nota.

No para odiar ni para reprochar constantemente, nno para vivir con una libreta apuntando agravios, conviene hacerlo, más bien por dignidad.

Tomar nota significa ajustar expectativas con la persona en cuestión. Entender que quizá esa persona no está en el mismo lugar que tú. Que quizá no da el mismo valor al vínculo o la relación, a la comunicación o al respeto básico de una respuesta.

La respuesta adecuada, entonces, no siempre es reclamar. A veces es hablarlo con claridad si la relación importa.

“Cuando te escribo y no respondes, me hace sentir que no tengo espacio para ti. No necesito que contestes al momento, pero sí cierta reciprocidad”.

Y si después de decirlo todo sigue igual, la respuesta ya no es insistir más. Es retirarse un poco. Dar menos disponibilidad. Dejar de poner tanta energía donde solo vuelve silencio.

Y otra respuesta observada muy común es pasar de esa persona, aquello de –“como me trates te trato”.

Porque hay personas que piensan que solo su tiempo tiene valor.

Y se equivocan, el tiempo de los demás también vale.

¿Y a ti te ha pasado?

Pues quizá ha llegado el momento de entrar en modo ahorro de energía.

Feliz domingo.

 

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios