LA DERECHA Y LA IZQUIERDA

Publicado el 1 de noviembre de 2026, 19:02

He hablado varias veces del nivel de influencia de nuestro entorno en nuestra persona, de lo que nos rodea y sobre todo de quienes nos rodean. Es algo que se estudia en psicología social.

Por eso saberse enfocar en esa parte influyente es muy importante, porque puedes estar rodeado o rodeada de zoquetes o de personas brillantes, y ahí si depende de ti y de tu enfoque, ambos te pueden influir, pero eres tú quién determina cuanto y como.

Por eso es mejor relacionarse, hablar o escribir sobre personas brillantes.

A esta persona la conocí hace seis años, no sé si describirla puede ser acertado porque solo será mi perspectiva y seguro que esta persona es mucho más.

Pero me resulta brillante, me gustan esas personas que tienen dibujada una sonrisa en la cara aun sin decir nada, esta persona lo dice todo con una sonrisa, aunque sea canallesca, y sin ella también, a veces es hablador, a veces callado, pero igual de brillante.

Tiene un potencial enorme, cuestiona todo, pasaría horas con el hablando, los dos solos, teorizando sobre cosas que igual con nadie más puedes hablar, cosas que con nadie más puedes cuestionar. Tiene la habilidad de dejarte pensando en muchas de sus acciones, lo ves actuar y luego te preguntas ¿Cómo será posible? Por eso me atrevo a decir sin ninguna duda que es de las personas más interesantes que he conocido últimamente, me enseña muchísimo, a diario, me enseña a veces la simpleza de la vida. Es un pensador, un ideólogo.

Cuando me vengo a dar cuenta, ya me tiene de lleno metido en su mundo, y lo curioso es que no me quiero salir de él y a veces me quedaría ahí para siempre.

Hace unos días, era para ver su cara cuando me contaba que había aprendido en el colegio la derecha y la izquierda.

Con sus mini manos me enseñaba la lección del día y yo lo escuchaba embobado.

Cuando terminó con su explicación y sus interpretaciones por un momento suspiré y quise detener el tiempo. Sin duda en mi agradecimiento diario estaría ese momento que me regaló el día, esa cara de ilusión que contagió la mía.

Era inevitable que más tarde se me viniera a la mente lo mismo que se te ha podido venir a ti al escuchar la derecha y la izquierda, la izquierda y la derecha…

Pero fue un momento como de pureza, de paz, hablar de esto, cosa que hoy en día apenas puede hacerse sin crispación.

En unos años esta persona saldrá a la calle y encontrará a quienes intentarán contaminar aquella lección. A quienes querrán explicarle que la derecha y la izquierda ya no son solamente dos direcciones, sino dos mundos que parecen obligados a enfrentarse.

Saldrá a la selva donde se pelean y se insultan, donde se polariza, donde se usa el “y tu más”, donde se utilizan los muertos de una tragedia para un interés propio y partidista. Saldrá a la calle, vendrán las redes y con ellas los gilipoyas disfrazados de politólogos, gente que nunca terminaron un libro, o que quizás nunca lo empezaron, llegarán los que insultan, los que justifican todo por unas siglas, llegarán los estómagos agradecidos, llegarán los fanáticos, llegarán los extremistas, los “estás conmigo o estas contra mí”, llegarán, más pronto que tarde, los que anteponen colores, los de la rabia, los de la ira, llegarán…

Mientras tanto solo me queda disfrutar de esta persona, de sus lecciones, de su manera de ver el mundo, de su palabra, de su vocabulario, del sacrificio que supone comerse un arroz con leche “por que como él no se lo coma no se lo come nadie “…

Y ojalá, cuando llegue ese momento, cuando empiece a conocer el mundo de los mayores, conserve algo de esa inocencia con la que me enseñaba sus manos. Que aprenda a tener sus propias ideas, a cuestionar, a pensar y a elegir. Pero, sobre todo, que nadie le enseñe que pensar diferente significa tener que odiarse.

Porque hoy me enseñó cuál es la derecha y cuál es la izquierda, pero me hizo recordar algo que muchos adultos parecen haber olvidado, que las dos manos sirven para lo mismo, para ayudar, para acariciar y para abrazar.

Mientras tanto, espero ansioso la siguiente lección de esta persona de diminutas manos y sonrisa canallesca. Sin duda, una de las personas más brillantes que he conocido nunca.

  

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