A LOS QUE LLAMABAN "MARICÓN"

Publicado el 28 de junio de 2026, 18:55

Hoy se celebra el Día del Orgullo y aunque muchas veces lo vemos lleno de banderas, colores, fiesta y celebración, creo que también es un día para hacer memoria. Para mirar atrás y recordar a quienes no lo tuvieron nada fácil. A quienes llamaron "maricón" antes de preguntarles su nombre. A quienes señalaron en la calle, insultaron en los bares, echaron de casa, humillaron, denunciaron o golpearon simplemente por amar distinto, vestir distinto, sentir distinto o querer vivir sin esconderse.

Yo he vivido en un pueblo y en los pueblos, para lo bueno y para lo malo, la mirada siempre ha sido distinta. Más cercana, sí, pero también más vigilante. El marcaje era más corto. El comentario corría antes que la comprensión. El prejuicio llegaba antes que la pregunta, la crítica, el cachondeo y si me apuras, muchas veces la ignorancia vestida de costumbre hacían el resto, entre risas que fomentaban la burla, que en cuerpos ajenos que la padecían se clavaban como puñales.

Porque en ciertos entornos no hacía falta una condena oficial, bastaba una mirada, bastaba un mote, bastaba una frase en voz baja en la barra de un bar. Bastaba que alguien dijera “ese es así” para que media vida quedara marcada. Normalmente venían del machito de turno.

Y esto también explica algo que desde la psicología social se entiende muy bien y de lo que hablo e a veces en estas reflexiones, muchas veces la verdad se construye socialmente. No porque sea verdad, sino porque se repite, porque se comenta. Porque se señala. Porque un grupo decide mirar a una persona de una determinada manera y poco a poco, esa mirada acaba pesando más que la propia persona.

Así se fabricaron muchas etiquetas. Así se fabricó mucha vergüenza. Así se convirtió una orientación, una forma de amar o una manera de estar en el mundo en motivo de burla, sospecha o desprecio. Hay quienes piensan que antes vivíamos mejor, esto es otra muestra de que no.

Y también conviene decirlo claro, durante muchos años, muchas personas sufrieron acoso. Lo que hoy llamaríamos bullying, pero llevado a la vida entera. En la escuela, en la calle, en el trabajo, en la familia, en el bar, en el pueblo. Personas señaladas por sentir diferente, por amar diferente, por caminar diferente o simplemente por no encajar en el molde estrecho que otros habían decidido llamar “normalidad”.

Hoy muchas personas pueden hablar de igualdad, inclusión y respeto y subirse a una cabalgata porque antes hubo otras que pagaron un precio muy alto. Personas que no salieron del armario como quien abre una puerta tranquilamente, sino con miedo, con vergüenza impuesta, con la mirada de media sociedad encima y con la posibilidad real de perder familia, trabajo, seguridad o dignidad. Algunas pudieron levantar la cabeza. Otras sobrevivieron como pudieron y eso también merece ser recordado.

Por eso hoy no quiero quedarme solo en la celebración.

Quiero acordarme especialmente de quienes lo pasaron mal cuando ser uno mismo podía costar demasiado. De quienes tuvieron que aguantar que una palabra como “maricón” se usara como una piedra lanzada contra su dignidad. Porque durante mucho tiempo fue eso, una piedra. Una forma de señalar, rebajar y hacer daño.

Mi respeto va para todo el colectivo LGTBI. Pero reconozco que me merecen una admiración especial quienes lo tuvieron difícil de verdad. Quienes soportaron insultos, humillaciones, burlas, amenazas y hasta palizas. Quienes vivieron con miedo y aun así siguieron. Quienes tuvieron que aprender a respirar en un mundo que muchas veces les apretaba el cuello. Hay historias personales que dan mas miedo que cualquier película de terror.

Porque una cosa es celebrar el orgullo cuando ya hay más luz y otra muy distinta fue sostener la dignidad e incluso la propia vida cuando todo alrededor era sombra y palos.

Es verdad que hemos avanzado, sería injusto no reconocerlo. Hoy hay más libertad, más visibilidad y más conciencia. Pero avanzar no significa olvidar. Todavía queda camino. Todavía hay personas que sienten miedo a decir quiénes son. Todavía hay miradas que juzgan, comentarios que hieren y silencios que pesan, y eso, como sociedad, debería hacernos pensar un poco más.

Porque nadie debería pedir perdón por amar. Nadie debería esconderse para ser aceptado. Nadie debería vivir media vida interpretando un papel para que otros estén tranquilos.

El orgullo no es imponer nada, el orgullo es de poder existir sin miedo y caminar por la vida sin tener que dar explicaciones por ser quien eres.

Hoy mi respeto va para todo el colectivo LGTBI. Pero especialmente para quienes abrieron camino cuando el camino estaba lleno de barro, insultos y golpes. Para quienes resistieron. Para quienes lucharon en silencio. Para quienes fueron valientes incluso temblando.

Porque muchas libertades de hoy nacieron del dolor de ayer y eso no debe olvidarse.

Feliz Día del Orgullo.

Con respeto, con memoria y con la cabeza un poco más despierta, que buena falta nos hace.

 

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Y desde ese mismo respeto, también quiero compartir algo especial.

Hace unos días tuve la suerte de colaborar en la grabación, edición y producción de INDOMABLE, un tema creado precisamente para celebrar este día. Una canción que habla de amor libre, de identidad, de valentía y de vivir sin pedir permiso.

La voz la pone Adrián.
La letra y la música son de Miguel Ángel Collantes Grimaldi.
La grabación, edición y producción se ha realizado desde Activamente Podcast, con medios humildes, pero con toda la intención del mundo.

No lo comparto como promoción.

Lo comparto porque conecta con todo esto.

Porque algunas luchas también se cuentan cantando.

Y porque a veces una canción puede decir lo que muchas personas tuvieron que callar durante demasiado tiempo.

Os dejo el enlace por aquí para quien quiera escucharlo:

https://www.facebook.com/share/v/1BPKVJukGR/

 

(La Petroleo y La Salvaoras. Foto del archivo de Joaquín Fernández Kike. Diario de Cádiz. 3 julio 2002)

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