Hoy traigo esta reflexión porque me ha ocurrido más de una vez esta semana y seguramente nos pasa a todos más de lo que creemos, aunque no siempre nos demos cuenta. Además, esto afecta a muchas de nuestras decisiones, conversaciones y relaciones.
Me refiero a esas situaciones en las que estás hablando con alguien y esa persona no defiende una idea con argumentos, sino a base de repetirla una y otra vez. Repite una afirmación, una negación o su propia versión de los hechos, como si por insistir mucho aquello se fuera a convertir en verdad.
Y no solo eso, a veces, además, intenta hacer ver que tú también compartes esa idea. Como si tu silencio, tu cansancio o tus pocas ganas de entrar en una discusión fueran una forma de darle la razón. Empieza a poner palabras en tu boca, a interpretar tu falta de respuesta como acuerdo y a presentar su versión como si ya hubiera quedado demostrada.
Pero repetir mucho una idea no la convierte en cierta, como mucho, hace la conversación más pesada y que alguien no quiera discutir no significa que esté de acuerdo. A veces significa simplemente que no quiere entrar en una conversación donde el otro no escucha, solo insiste.
Por ejemplo:
—Tú sabes perfectamente que yo siempre he estado ahí para ti.
Y tú no respondes porque no quieres discutir, porque estás cansado o porque sabes que si entras ahí la conversación se puede ir de las manos.
Entonces la otra persona empieza a repetir:
—Porque tú sabes que yo siempre he estado ahí.
—Y tú lo sabes.
—Y en el fondo estás de acuerdo conmigo.
—Si no lo niegas, será por algo.
Ahí está el problema, esa persona no está demostrando nada. Está intentando convertir su repetición en prueba, está usando tu silencio como si fuera una firma.
Pero tu silencio no significa necesariamente acuerdo, a veces significa cansancio, a veces prudencia, a veces que no quieres alimentar una discusión que, la mayoría de las veces, no tiene mucho sentido.
Hay personas que hacen algo muy curioso en una conversación, obsérvalo. Intentan dejar su última afirmación flotando en el aire como si ya fuera una conclusión compartida. Jeje.
Dicen algo, lo repiten, lo rematan con seguridad y si tú no entras al debate, actúan como si tu silencio fuera una afirmación. Como si por no contestar ya hubieras aceptado su versión, ccomo si la última frase dicha tuviera más valor que todo lo demás, eso sí, sin demostrar nada.
Pero no.
Tener la última palabra no significa tener razón.
A veces significa simplemente que la otra persona se ha cansado de discutir, que ha entendido que no hay diálogo, sino insistencia. Que no se está conversando para comprender, sino para imponer una versión.
Y esto tiene mucho que ver con la psicología social, porque no hablamos solo de una persona repitiendo una frase, hablamos de cómo se construye una supuesta verdad dentro de una conversación.
Hay personas que repiten tanto su versión que empiezan a tratarla como si ya fuera un hecho y si el otro no responde, no discute o simplemente se cansa, interpretan ese silencio como una confirmación.
En psicología se habla del efecto de -verdad ilusoria- cuando algo se repite muchas veces, puede empezar a parecer más verdadero, aunque no lo sea. También aparece el sesgo de -falso consenso- creer que los demás piensan como uno, aunque no lo hayan dicho.
Y ahí nace la trampa, repetir una idea, dejarla en el aire y actuar como si el otro también la hubiera firmado.
Todo esto también tiene relación con la persuasión y, en algunos casos, con la manipulación. Porque cuando una persona actúa así, no solo intenta defender su verdad. A veces intenta manipular la conversación y si te descuidas, hasta tu propio pensamiento.
El Mindconsejo del día sería sencillo: seamos más observadores.
No solo de lo que la gente dice, sino de cómo lo dice, de cuánto insiste, de si escucha o solo espera su turno para repetir lo mismo, de si argumenta o simplemente intenta dejar su frase en el aire como si fuera una sentencia. Y si esa palabra no ha salido de tu boca, pues dilo, “No,yo no he dicho eso”.
No todas las conversaciones buscan entendimiento, algunas solo buscan imponer una versión, una verdad, la del otro aunque seapor orgullo o cabezonería.
Ahí conviene no caer en la trampa.
A veces, la mejor respuesta no es discutir más.
La mejor respuesta es mirar con calma, detectar el patrón y no permitir que nadie ponga, en tu cabeza ideas que no piensas ni en tu boca palabras que no has dicho.
FELIZ DOMINGO.
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