La psicología lleva años estudiando algo que muchos vivimos cada día, la mente no siempre sufre por lo que está ocurriendo ahora, sino por el lugar al que se va.
Cuando se queda atrapada en el pasado, aparece la rumiación que significa darle vueltas a lo que pasó, a lo que dijimos, a lo que no hicimos, a lo que ya no podemos cambiar.
Cuando se adelanta demasiado al futuro, aparece la preocupación anticipatoria, imaginar problemas que aún no han llegado, conversaciones que aún no han ocurrido y desgracias que quizá nunca pasen.
Y ahí está buena parte del sufrimiento humano, el cuerpo está en el presente, pero la cabeza vive a caballo entre pasado y futuro.
Por eso no siempre sufrimos por la realidad, muchas veces, la mayoría, sufrimos por la película que la mente monta con lo que recuerda o con lo que teme que pase.
Saber que hay dos lugares donde no puedes hacer nada es esencial para vivir con bienestar y con paz mental, y esos sitios son el pasado y el futuro.
En el pasado no puedes hacer nada, no puedes cambiar lo que ocurrió, y en el futuro tampoco puedes obrar, es efímero.
Lo primero es tomar conciencia. Darnos cuenta de dónde está viviendo nuestra mente la mayor parte del día.
Porque el cuerpo puede estar sentado en el sofá, en el trabajo, en una comida familiar o dando un paseo, pero la mente puede estar en otro sitio completamente distinto, en una conversación de hace diez años, en un error que no perdonamos, en una preocupación que todavía no ha pasado o montando una película que nosotros mismos escribimos, dirigimos y sufrimos.
Y claro, así cuesta vivir en paz, por eso es tan importante entender que la mente no se cambia solo queriendo, además hay que entrenarla lo mismo que entrenas tu cuerpo en el gimnasio, lo que pasa que el cuerpo se ve y la mente nadie puede verla y por eso nos preocupamos mas por el cuerpo que por la mente.
Igual que no fortaleces el cuerpo mirando unas mancuernas, tampoco fortaleces la mente leyendo una frase bonita en Instagram y pasando a otra cosa.
La mente se entrena con acciones diarias, con atención, con pausa, con lenguaje interno, con gratitud, con límites, con preguntas mejores, con la forma en que interpretamos lo que nos ocurre, con la capacidad de volver al presente cada vez que la cabeza se escapa al pasado o al futuro. Así se entrena la mente.
El gimnasio de la mente es para aprender a mirar lo que pensamos, entender qué patrón se repite, nombrar lo que nos pasa, trazar una acción y entrenarla hasta que nuestra forma de responder empiece a cambiar.
Porque no siempre podemos elegir lo que nos ocurre, pero sí podemos elegir la manera para interpretarlo.
En mi obsesión por entender como pensamos he creado el método MENTE.
Mirar lo que pasa.
Entender el patrón.
Nombrar el conflicto.
Trazar una acción.
Entrenar la repetición.
El método mente nace de una idea muy sencilla, la cabeza también se entrena.
Repetimos patrones, reaccionamos en automático, confundimos ruido mental con claridad y dejamos que la vida nos lleve sin haber aprendido a dirigir nuestra mente.
Y por eso he creado el gimnasio de la mente, para entrenar la atención. las decisiones, la calma, los límites, la forma de responder cuando la vida se complica, el foco, el locus interno, la conciencia, la autoestima.
Al igual que cuando entrenas el cuerpo, en el gimnasio de la mente tampoco hay magia si no hay trabajo, no hay atajos, no hay una frase bonita que te arregle la vida, no hay un vídeo de treinta segundos que te ordene la cabeza para siempre.
Solo hay entrenamiento.
Hay días en los que lo haces mejor y días en los que vuelves a caer en el mismo patrón de siempre, y no pasa nada, porque entrenar la mente no significa no fallar, todo lo contrario. Significa que puedes errar y así darte cuenta antes, volver antes y responder mejor cada vez.
Esa es la diferencia.
Una mente sin entrenar reacciona a todo, se engancha al pasado, anticipa desgracias, interpreta desde el miedo, se compara, se culpa, se dispersa y vive apagando incendios que muchas veces ella misma ha encendido.
Una mente entrenada no vive en un cuento de hadas, también sufre, también duda, también se equivoca. Pero aprende a observarse, aprende a parar, aprende a no creerse todo lo que piensa, aprende a volver al presente, que es el único sitio donde todavía podemos hacer algo.
El gimnasio de la mente no es para quien quiere una vida perfecta, es para quien quiere dejar de vivir secuestrado por su pasado o su futuro incierto, para quien vive preso edl miedo, para quien vive la vida que otros quieren que viva, para quienes viven una vida que no desean vivir.
Para quien está cansado de repetir siempre la misma historia y de tener la misma “suerte”.
Para quien sabe que no basta con querer cambiar sino que hay que entrenar el cambio.
Porque la mente, si no la entrenas, te dirige a ti.
Bienvenid@s al Gimnasio de la Mente.
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